El precontrato es un compromiso pactado de contratación laboral que, si es incumplido, puede originar responsabilidades empresariales indemnizatorias. No es un un incumplimiento contractual ya que el contrato de trabajo no existe pero sí un acto antijurídico que puede fundamentar una demanda de indemnización de daños y perjuicios del afectado. Por ello, la acción interpuesta no es la de despido, sino una acción de responsabilidad civil por daños y perjuicios con la pretensión de compensar el daño causado por vulnerar el compromiso de contratación laboral.

Jurisprudencia del Tribunal Supremo

Dada la conexión entre el pacto vulnerado y el contrato de trabajo, que no se llegó a celebrar, la jurisprudencia admite la competencia jurisdiccional social de este tipo de demandas. El Tribunal Surpemo llega a calificar de laboral y no de civil el acuerdo alcanzado, asociando su incumplimiento a una responsabilidad civil contractual de los artículos 1101 y siguientes del Código Civil, con la pretensión de una indemnización en el orden social.

La responsabilidad empresarial indemnizatoria en ruptura de precontratos ha sido extendida tal y como establecen sentencias de la Sala de los Social del Tribunal Supremo a supuestos de falta de contratación en una bolsa de trabajo regulada por convenio colectivo con un orden de antigüedad. Se exige la acreditación del daño, el cual no es automático por la exclusión de la lista, con una ponderación de la pérdida de oportunidades y expectativas que implica la decisión de la empresa.

Cuantía de la indemnización

La compensación de estos daños no esta tasada legalmente por lo que el juez, a la hora de cuantificar la indemnización, tendrá que valorar los perjuicios causados por este incumplimiento, dado que el trabajador puede haber dejado su trabajo anterior ante la oferta recibida o haber renunciado a otros empleos, con todas las consecuencias económicas que ello conlleva. La ruptura de las expectativas acordadas tiene que ser reparada en todas sus dimensiones.

Aplicando la teoría general del daño, se debe compensar el daño emergente y el lucro cesante, porque el trabajador deja de ganar dinero por la decisión de la empresa de romper el precontrato. El daño emergente debe cubrir los gastos ocasionados por el trabajador o, en su caso, la pérdida del antiguo empleo, con el parámetro salarial de su anterior contrato de trabajo. El lucro cesante, como ganancia dejada de percibir, debe ser valorado judicialmente según las circunstancias, con la referencia del salario de lo que habría sido le nuevo contrato de trabajo. Algunos pronunciamientos judiciales buscando seguridad jurídica se basan en los salarios dejados de percibir en caso de haber sido contratado el trabajador según las expectativas generadas o incluso tomen como referencia la indemnización del despido improcedente, en la ficción de que el trabajador habría sido contratado y despedido. Conviene destacar que en estos casos también debe ser indemnizado el daño moral, pues la ruptura del precontrato puede crear frustración en el afectado.